Venezuela: Navidad en Septiembre
- Lini Alvarez

- 1 oct
- 6 Min. de lectura
No es nada nuevo que en algunos hogares de Venezuela empiece la navidad antes de tiempo, y aunque la economía para muchas familias limita el exceso alimentario, ocurre un fenómeno interesante y que no está vinculado necesariamente con una estrategia de mercadotecnia consumista a pesar de que nació de ella.

El hecho de que la política lo promocione como parte de una idea propia para elevar la moral pública o desviar la atención de problemas políticos y económicos, no les quita la razón a ciertos titulares. Pero lo cierto es que, en esta cultura, desde hace muchos años atrás ya se vive la navidad incluso desde septiembre.
Tengo que empezar diciendo que el consumo del plato típico navideño característico en este país se concentra en dos o pocos días y esto podría ser condicionante de que no exista esa rutina de exceso prolongado como en otros lugares del mundo. Entonces el impacto nutricional, aunque estaría vinculado a la exclusividad de ciertos alimentos festivos, no lo haría a una abundancia continua de ellos o a un exceso elevado de productos ultraprocesados.
Desde un punto de vista de estrategia comercial y de consumo, aunque existiera una fuerte influencia estadounidense, en Venezuela la dinámica no tomó el rumbo deseado.
Y esto lo diferencia de países con economías más estables donde adelantar las festividades impacta directamente en la dieta, porque se prolonga la disponibilidad y el consumo de productos hipercalóricos, ultraprocesados, dulces, bebidas alcohólicas, aumentan las semanas de compras, cenas en restaurantes, regalos, viajes y publicidad orientada a la emoción navideña que de manera directa o indirecta incrementa el consumo alimentario. Lo que significa que la indulgencia alimentaria no se limita a las dos semanas de fiestas, sino que puede extenderse a meses, con graves efectos sobre la salud pública.
Pero en Venezuela, aunque muchos comercios también intentan subirse al calendario global, la situación económica de algunas familias limita el efecto real sobre el consumo. Hay personas que no podían sostener compras tempranas ni abundantes y esto transformó el hecho de adelantar la navidad en una respuesta emocional y expresión cultural. Donde el consumo no siempre acompaña las festividades, al contrario, mucha gente lo asocia con familia, nostalgia, religiosidad y alegría.
Un resultado marcado por el ritmo “americano” que los venezolanos llenaron de contenido cultural propio
Escalofrío navideño mundial.
Ahora, a día de hoy podemos decir que esto no es solo cosa de Venezuela. Cada vez más los mercados navideños están empezando anticipadamente. Una tendencia que se viene observando desde al menos 2010. De hecho, muchos centros comerciales instalan decoración navideña para estimular consumo desde noviembre en el resto de países. Y esto proporciona un respiro al ajetreado clima laboral y económico.
La práctica navideña transformó en un antes y después el negocio local. Así que para las panaderías, productores de platos festivos o catering puede representar una fuente especial de ingresos utilizando la navidad como estrategia de supervivencia económica.
A nivel más pequeño, muchos negocios familiares emprendieron y decidieron obtener una ganancia estacional vinculada al deseo de otras personas de tener una parte de su cultura gastronómica allí donde estuvieran. Lo que hizo que el volumen total de ventas de los platos típicos navideños esté condicionado por esta capacidad de compra de la población motivada por las fechas anticipadas.
En lo que respecta al mercado esto lo denominamos “Christmas creep” o "Holiday Creep", una tendencia que ya se inició en los años 80 y que ha sido más potente en la economía a gran escala mostrando consecuencias en la salud en los últimos años.
El objetivo del “Christmas creep” o adelantar las navidades es básicamente ampliar la ventana temporal en la que el mercado pueda activar a los consumidores. Esto se consigue con campañas, promociones y productos típicos de las festividades fuera de la época decembrina .
Cada año, las señales llegan cada vez más temprano y muchos autores lo llaman el "escalofrío navideño".
Impacto nutricional
Cuando hablamos del estado nutricional de la población en general la cosa no da tantos resultados positivos como en la economía. Esta estrategia aumenta la ingesta calórica característica de las festividades y como consecuencia los atracones de alimentos no precisamente saludables acompañado de conductas compensatorias cuando pasa la tormenta navideña.
La exposición repetida de anuncios visuales de comida junto con las tempranas promociones en las estanterías de los supermercados es bastante peligrosa y la ciencia respalda esta preocupación (1,2). En conjunto, el marketing navideño no solo apela a la tradición, sino que que aumentan el riesgo de consumo excesivo y pérdida de control alimentario. En una época que de por sí, aumenta la nostalgia y los encuentros familiares, cuestión que se toma como mecanismos psicológico muy efectivo para promocionar y vender alimentos altamente procesados.
Algo que también está estudiado científicamente es el aumento de peso promedio durante las fiestas navideñas que puede además ser representativo en la persona. Y la cuestión cobra importancia porque desde las consultas de nutrición sabemos que el peso ganado en cortas temporadas puede recuperarse fácilmente posteriormente (3,4)
Si hablamos de un paciente que ya padezca sobrepeso, obesidad o que sea propenso para desarrollar alguna patología, la ganancia de peso puede representar un factor de riesgo para desarrollar complicaciones.
Esto, además complica aún más la relación con la comida en personas que ya experimentan una alta presión social sobre la obligación de comer para no ofender en contextos familiares, lo que añade una carga psicológica que erosiona la autorregulación.
En estas situaciones, se normaliza el alimentarse sin restricciones bajo la idea de que “ya habrá tiempo de compensar después”.

Sin embargo, esa dinámica de permisividad seguida de compensación favorece un círculo disfuncional, en el que los atracones se vuelven más probables. Así, lo que en apariencia es una circunstancia cultural o socialmente aceptada (festejar con abundante comida) termina generando consecuencias negativas en la salud mental y en la relación con la alimentación.
En cuanto a personas que ya tengan una mala relación con la comida, adelantar las festividades puede someter a un aumento en la ansiedad y malestar emocional. Y para las madres con niños pequeños supone sentimientos de culpa, vergüenza y pérdida de control porque los niños aumentan no solo la ingesta alimentaria si no la de productos malsanos a los que están constantemente expuestos.
Vínculo emocional.
Es cierto que en consulta se normaliza una alimentación social y una permisibilidad alimentaria en ciertos contextos. Pero cuando la exposición no es de dos días sino de meses, empezamos a normalizar esa disponibilidad alimentaria con alta cantidad de productos malsanos.
Sin olvidar la vinculación de las celebraciones con el consumo excesivo de alcohol, que
ya supone un desafío importante y un impacto negativo sobre la salud.
Como espectadores ya no nos sorprende que la magia navideña de inicio con un gran anuncio publicitario muy trabajado acompañado de un mensaje memorable a través de un storytelling en un contexto familiar emocional, seguido de ediciones limitadas, empaques con un toque festivo y concursos prometedores que transforma totalmente la compra en una experiencia y nos hace realmente difícil mantenerse distante de la trampa consumista.
Sin duda es una fecha especial donde el consumidor está dispuesto a convertirse en un participante activo en búsqueda de un producto original, limitado y por supuesto comestible y para el mercado esta época representa una gran oportunidad de responder a una demanda que se retroalimenta. Por este motivo ya no es de extrañar que en otros países diferentes a Venezuela desde septiembre las compras decorativas características se junten con las compras escolares o de las de verano.
En lo que respecta a la salud y al impacto del adelanto de las fiestas navideñas, hoy ya no se trata únicamente de un tema cultural. Aunque las tradiciones se vivan de manera distinta según el país o la comunidad, la migración y la globalización han ido homogeneizando los ritmos festivos y, sobre todo, han extendido el inicio de las campañas comerciales. A esto se suma la mayor estabilidad económica en ciertos sectores de la población, que permite un acceso más fácil y constante a alimentos, en muchos casos de baja calidad nutricional. El resultado es que, más allá de la cultura, lo que marca la diferencia es la disponibilidad de dinero y de productos ultraprocesados, generando un escenario donde el exceso alimentario comienza semanas antes de lo que tradicionalmente ocurría y, por tanto, el impacto negativo en la salud es mayor.
Fuentes:
Boswell R, Kober H. Food cue reactivity and craving predict eating and weight gain: a meta-analytic review. Obes Rev. 2016; 17(2):159-77.
Arrona P, Morales R, Contreras A. The effects of food advertisements on food intake and neural activity: a systematic review and meta-analysis of recent experimental studies. Adv Nutr. 2023;14(2): 339-351.
Abdulan I, Popescu G, Maștaleru A, Oancea A, et al. Winter holidays and their impact on eating behavior-a systematic review. Nutrients. 2023; 15(19): 4201.
Guerrero D, Urquijo L, Ruelas A, Martínezs T, et al. Interventions for the prevention of weight gain during festive and holiday periods in children and adults: a systematic review. Obes Rev. 2025; 26(1).

Comentarios