La pirámide que volvió a aparecer: ¿salud pública o intereses económicos?
- Lini Alvarez

- 15 ene
- 5 Min. de lectura
Una de las imágenes que más circula estos días entre colegas nutricionistas y profesionales sanitarios es la nueva pirámide alimentaria invertida estadounidense.

La reciente publicación de la Dietary Guidelines for Americans 2025–2030, ha generado un intenso debate aun cuando cuenta con un material de evidencia de apoyo de centenas de páginas de texto técnico con matices, advertencias y excepciones, que seamos claros, es muy poco probable que la población general -— y buena parte de los profesionales — lea un documento técnico de este calibre, y más sabiendo que en educación y comunicación la imagen es el mensaje que manda.
Un material de apoyo que vendría ser como aquel mensaje minúsculo sobre “llevar un estilo de vida saludable” en nuestra pantalla de televisión cuando se promociona un producto altamente procesado.
La cuestión es que, como profesionales sanitarios al no leer este material, podríamos transmitir un sesgado conocimiento a la población sobre la importancia de los alimentos situados en la cúspide de esta pirámide, los cuales, ya tienen bastante investigación científica sin declaraciones de conflictos de interés — en muchos casos elaborados con financiación de las propias entidades interesadas — cuyo objetivo en ningún sentido responde a mejorar la salud pública pero que, de manera indirecta ayudan a favorecer los modelos de producción y consumo de un sector que ya tiene un poder económico consolidado.

Así que, básicamente la nueva pauta es una reconfiguración visual de la tradicional pirámide alimentaria, pero en un modelo invertido con un mensaje que parece favorecer un alto consumo de carne y productos lácteos situando las proteínas animales, los lácteos enteros y las grasas “saludables” al tope, dejando los cereales integrales en la base y relegando carbohidratos complejos y alimentos vegetales a un segundo plano.
Durante mucho tiempo, y hasta el año pasado yo misma presencié el uso de la antigua pirámide en centros de salud infantil comunitarios cuando ya desde el 2005 se dejó de utilizar en ciertos países debido a que la manera de jerarquizar los alimentos no reflejaba la mejor evidencia científica.
Pero la pirámide es una imagen que aun por encima de las explicaciones que la puedan acompañar, transmite prioridades claras y funciona para explicar rápido y fácil el mensaje alimentario.
Plausibilidad no es probabilidad: ¿por qué la pirámide nos convence?
La pirámide nos cuenta una historia creíble muy clara y seductora: “comida real” arriba, ultraprocesados fuera, proteína animal como sinónimo de fuerza, salud, naturalidad y los Lácteos que significan tradición, crecimiento e infancia. Narrativa que encaja con lo que ya creemos, con lo que hemos aprendido culturalmente durante décadas. Por eso resulta plausible, aunque la evidencia científica completa sea mucho más compleja y matizada.
Daniel Kahneman explica algo clave en Thinking, Fast and Slow: nuestro cerebro no evalúa la probabilidad real de que algo sea cierto, sino lo plausible que suena. Es decir, no pensamos despacio, pensamos rápido. Y cuando pensamos rápido, gana la historia que encaja, no la que está mejor demostrada.
Una imagen, activa el pensamiento rápido, emocional y automático. No pensamos: “¿qué dice la evidencia sobre enfermedades crónicas y su relación con los alimentos que priorizan?” Pensamos: “tiene sentido, siempre nos han dicho que la proteína de la carne es lo más importante”. Pensamos rápido no de forma analítica ni crítica.
En este sentido la pirámide con poder en su imagen, no está hecha para que tomemos un momento de analizarla, ni para cuestionemos conflictos de interés, tipos de estudio, ni financiación. Por eso funciona tan bien en colegios, se viraliza tan rápido en redes, se comparte incluso entre profesionales o sirve para comunicar en campañas. No porque sea más correcta, sino porque es cognitivamente cómoda. Y esto le otorga un poder mayor que el que puedan tener otros recursos menos conocidos hoy en día.
Por ejemplo, en la actualidad se utilizan herramientas también visuales alineadas con la mejor evidencia y prácticas locales alimentaria. En EEUU tienen el Plato de Harvard y en países como España, Colombia o México utilizan guías alimentarias basadas en frecuencias o patrones, priorizando alimentos tradicionales y evitando totalmente el formato piramidal.

El elefante en la habitación: ¿por qué tanto énfasis en carne y lácteos?
Volver a la típica imagen de la pirámide además de simplificar el mensaje que puede malinterpretarse en la población, ayuda a entender la nutrición como un ranking alimentario otorgando prestigios y valor simbólico a alimentos que no lo merecen más que otros.
En este sentido, el debate se genera porque las legumbres o alimentos de origen vegetal se encuentran en una posición infravalorada aun cuando se conoce su vinculación con evidencia científica en torno a salud pública y como factor protector frente a enfermedades crónicas no transmisibles.
Pero las proteínas vegetales, las legumbres o los patrones basados en plantas no encajan igual de bien en la historia dominante, aunque si tenga evidencia que las respalde. No es que sean menos probables, simplemente son menos plausibles para nuestro cerebro entrenado culturalmente.
En este contexto, leer críticamente Food Politics de la Bióloga Molecular, Nutricionista y Defensora de la Salud Pública Norteamericana Marion Nestle, sería interesante para conocer como el uso de esta nueva pirámide responde a los típicos intereses industriales, políticos y económicos que rondan asociaciones y grupos afines en ese país y que llevan años ejerciendo presión para moldear políticas dietéticas a favor de sus productos.
Miedo de color verde.
Tengo además que mencionar que es realmente curioso que exista una nueva imagen piramidal cuando sabemos que en los últimos años el consumo de alimentos origen vegetal ha crecido exponencialmente. En 2017, este mercado era aproximadamente 3,9 mil millones $, duplicando su valor en menos de una década según The Good Food Institute (GFI) (1). En 2022 las ventas crecieron 6,6 % hasta ≈ 8,0 mil millones $ respecto al año anterior con un crecimiento más rápido que el de los alimentos en general y esto teniendo en cuenta que no tiene la misma estructura industrial ni poder económico (2).

Un miedo que está siendo palpable en algunos países cuando se propuso renombrar las hamburguesas de origen vegetal porque no contenían proteína animal como menciona Miguel Ángel Lurueña Martínez en este artículo.
Cuando la imagen gana a la evidencia.
La pirámide no va a triunfar porque sea la mejor representación de la evidencia científica, sino porque cuenta una historia que nuestro cerebro quiere creer y será utilizada porque en nutrición la plausibilidad vende más que la probabilidad bioestadística demostrada.
Es un riesgo pensar que decidimos libremente, cuando en realidad muchas decisiones están siendo dirigido por imágenes, símbolos y narrativas con intereses económicos detrás.
El problema es que aquí el que decide sobre su alimentación piensa que lo hace en plena consciencia de su conocimiento, cuando una vez más se ve influenciado por el vacío científico del sistema donde intervienen corporaciones alimentarias que buscan maximizar beneficios utilizando estrategias de marketing, apoyados por un lobby político que regula e incluye recomendaciones alimentarias de este tipo en educación nutricional pública.
No debemos subestimar a quienes deciden lo que comemos bajo políticas de salud sin pensamiento crítico, porque la alimentación, además de cultura, contexto y ciencia, es también política y economía.
Fuentes:
The Good Food Institute (GFI). State of the U.S. Plant-Based Food Industry 2024 [informe audiovisual]. 1.ª ed. Washington, D.C.: The Good Food Institute; 2024 40 p. Disponible en: https://gfi.org/resource/plant-based-meat-eggs-and-dairy-state-of-the-industry/
Plant Based Foods Association (PBFA). 2022 Retail Sales Data: Plant-Based Food [internet]. 1.ª ed. Washington, D.C.: Plant Based Foods Association; 2022. 12 p. Disponible en: https://plantbasedfoods.org/2022-retail-sales-data-plant-based-food



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