Storytelling científico en nutrición: comunicar con evidencia, ética y propósito
- Lini Alvarez

- 23 oct
- 3 Min. de lectura
En el mundo de la nutrición y la salud, todos hemos visto cómo los testimonios personales y las historias emocionales atraen la atención. En un artículo anterior hablaba de ello: las narrativas funcionan porque apelan a nuestra memoria emocional y a nuestra necesidad de identificarnos con experiencias ajenas y nuestro cerebro lo prefiere ante una historia basada en datos estadísticos.
Sin embargo, en plena era del dato y con el exceso de información que tenemos alrededor, es momento de que ayudemos al consumidor —o al paciente— a no depender de intuiciones ni de casos anecdóticos.
La figura del analista de datos puede transformar la industria alimentaria y sanitaria, convirtiendo la comunicación basada en emociones en una estrategia de storytelling más potente, científica y responsable.
Diseñar un storytelling que combine un perfil técnico y científico, pero que conserve un tono humano y atractivo, puede marcar la diferencia entre una información que inspira confianza y otra que genera desinformación.
Ya no se trata solo de contar historias con aquellos datos bonitos con algún beneficio económico escondido para quien lo emite, sino de contar historias verdaderas, sustentadas en evidencia, comprensibles y útiles tanto para la salud pública como para la industria. Dejando atrás las narrativas construidas a partir de datos pequeños o testimonios aislados —lo que Daniel Kahneman llamó la ley de los pequeños números— es un paso necesario para comunicar con responsabilidad.
Más allá del marketing: la analítica como motor industrial, de salud y seguridad.
Hasta ahora, el pensamiento común es que el análisis de datos sirve para promocionar, identificar productos con éxitos o analizar datos históricos y predictivos de ventas en el caso de la industria. Pero más allá de descubrir el comportamiento del cliente para comprender percepciones y prevenir crisis reputacionales. La industria alimentaria también podría estar garantizando el cumplimiento normativo en tiempo real (APPCC, ISO 22000, FSMA), o mejorar su trazabilidad, permitir una retirada rápida de productos ante cualquier alerta o tener un control en el monitoreo de sus actividades, cultivos, su logística, distribución o transporte.

El análisis de datos entonces, no solo puede mejorar la productividad, la visibilidad o toma de decisiones estratégicas, si no que refuerza protocolos de seguridad y fomenta la mejora continua, ayuda a la toma de decisiones y en definitiva esto también es positivo para el consumidor.
Si trasladamos esta perspectiva al ámbito sanitario o a una consulta en sí misma, la analítica de datos puede convertirse en una herramienta clave para integrar información de múltiples fuentes y personalizar los tratamientos en tiempo real. Esto permite interpretar los patrones de comportamiento del paciente y su evolución de manera dinámica, anticipando riesgos y optimizando las intervenciones. Es decir, con una rápida visualización se puede detectar que un paciente con dieta hipocalórica está perdiendo peso demasiado rápido y avisar al profesional para ajustar el plan y evitar riesgos metabólicos. O, por el contrario, adaptar o cambiar pautas clínicas en función de los avances más recientes, asegurando una atención basada en ciencia y no en intuición.
Así que adoptar la analítica en ambos sectores ya no es opcional, es esencial.
Storytelling con propósito: decisiones éticas y comunicación transparente
Cuando los datos se usan de forma ética, el storytelling se convierte en una herramienta para educar, prevenir y generar confianza. No se trata de vender milagros o un nuevo producto, sino de comunicar con transparencia, explicar lo que los datos realmente muestran y construir una relación duradera con el consumidor basada en la verdad para que sea objetivamente capaz de decidir.
Esto no solo protegería la reputación de una marca, también protege la salud pública, evitando la propagación de mensajes dudosos o inefectivos.
En este sentido, los datos cuando se convierten en una herramienta pedagógica poderosa. Un dashboards bien contado podría mostrarle la evolución al paciente, mientras el profesional refuerza el aprendizaje nutricional, transformando números abstractos (como gramos de grasa o potasio) en información tangible, motivando con evidencia personalizada, no con miedo o juicios generalizados.
Hoy, los analistas de datos podemos detectar riesgos, comportamientos o efectos no deseados tras una intervención o campaña específica. Podemos identificar desviaciones, prevenir crisis y priorizar las acciones que realmente reducen los riesgos a lo largo del tiempo.
Y lo más relevante: podemos actualizar la información al consumidor en tiempo real, incorporando los nuevos avances científicos y mejorando así la calidad de las decisiones alimentarias y sanitarias de la población.
Porque un dato bien contado puede cambiar una decisión. Y una decisión basada en datos puede cambiar una vida.

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